martes, 13 de noviembre de 2018

Pasaje, pasajeee!!!

¿Saben que es lo bueno de sentarse al lado de la ventana en el micro?
Pues primero que difícilmente te hagan ceder el asiento ya que normalmente te toca encima de la rueda y nadie quiere sentarse allí.
Y segundo y no menos importante, que lo puedes ver todo, ya sea dentro como fuera del micro.
Ver a la gente pasar, sentarse, pararse, hablar, gritar, correr, ¿que pasará por sus cabezas?
Mil y una cosas supongo, la verdad que el solo hecho de imaginar me agota, por eso me pongo mis audífonos y me aíslo de todo. Ese pequeño rincón con la pierna semi-recogida es perfecto para mí. Para pensar.
No importa la ruta, seguro que ni te darás cuenta cuando llegues a tu destino.
¿Que será de mi? ¿que me prepara el futuro? ¿Keiko se va a la cana? ¿mañana hay control de historia? Preguntas como esas no me dejan dormir en clase de teo ni en los micros. Muchas veces me imagino escenarios donde trato de responder dichas preguntas o al menos simularlas, pero la triste verdad es que todo puede pasar y por más que me imagine todos los casos, sé que no alcanzaré a acertar con el verdadero, por mas que esté en la Javier Prado a las 7 am y tenga todo el tiempo del mundo para hacerlo.
Al parecer uno deja de ser niño cuando en lugar de imaginar poder volar empieza a imaginarse como será cuando acabe la carrera o con quien se casará, aunque a la firme no falta de vez en cuando alguna oportunidad en la que aún me imagine como un power ranger.
No soy el único que sueña despierto, ni menos el que se frustra cuando el cobrador le pide pasaje ¡¡así tengas el boleto en los dientes!!!
Perdón por eso, pero es que es sumamente molesto que me corten la inspiración, especialmente cuando la música calza a la perfección con el estado de animo que siento en ese preciso momento. Como si estuviera dentro de una película con el soundtrack indicado en la escena más épica, así sea La guitarra de Lolo de Miranda!
Una canción tan simple puede expresar tantas cosas que ni siquiera los poemas pueden hacer. Incluso una melodía basta para entrar en lo mas profundo de nosotros y evocar recuerdos significativos.
Ya tengo la música, el lugar, la pierna semi-recogida, la vista ¿qué más me falta? Un momento tan banal puede ser tan sublime como para escapar de la realidad un ratito, ese ratito necesario al menos una vez a la semana como para poder continuar recargado casi espiritualmente. 
Somos infinitos, creo que por fin puedo hallarle un significado a esta frase, no se necesita ser Descartes o comprender a Nietzsche, no está en los diccionarios, se encuentra en simples vivencias como estas.
¡Maldita sea! ¡Me pasé de paradero otra vez!

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